martes, 6 de octubre de 2015

"Un salvavidas para el patrimonio". EC, 2/10/15


"Un salvavidas para el patrimonio", por Ruiz de Somocurcio

La Herradura es una zona a recuperar y con un gran potencial, por ejemplo, gastronómico

"Un salvavidas para el patrimonio", por Ruiz de Somocurcio
La Herradura convertida en un bulevar gastronómico.(El Comercio)
Imaginemos los restos arqueológicos del Morro Solar recuperados, con un espléndido museo de sitio, rodeado de un gran parque memorial en homenaje a los peruanos caídos en la Guerra con Chile, áreas para deportes de aventura, hoteles frente al mar y La Herradura convertida en un bulevar gastronómico.
Esto podría ser realidad con el Decreto Ley 1198 del 22 de setiembre, que busca fomentar la inversión privada en lugares patrimoniales precolombinos.
Sin embargo, en su anunciada reglamentación será necesario hacer ajustes y precisiones para que ello ocurra.
Mi primera impresión es que la idea no está mal y se orienta a propiciar la protección del sector patrimonial más vulnerable, pues gran parte de los esfuerzos de defensa monumental se han dirigido a los lugares hispánicos. De hecho, los tres ambientes urbanos contemporáneos que tiene el Perú reconocidos como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco responden a criterios de la presencia hispánica en ellos (Lima, Cusco y Arequipa).
Algunos comentarios: en primer lugar, le falta convicción a la ley. El lapso de 10 años no garantiza la recuperación de ninguna inversión significativa. Por lo tanto, solo se podrían hacer pequeñas actuaciones. La ley parece tímida y vergonzante y sería un error señalar áreas de excepción como lo  habría solicitado Cusco.
En segundo lugar, debería incluirse claramente la obligación de formular un plan de manejo de la zona de influencia del bien, que aliente la integración con la ciudad o con su entorno, cuando corresponda, superando modelos como Huayamarca, en San Isidro, o Pucllana, en Miraflores.
En tercer lugar tendrán que ser claves las tareas de seguimiento por parte del Ministerio de Cultura, el gobierno local y/o regional, pues en todos los casos habrá que lidiar con cambios de usos del suelo, licencias de construcción y funcionamiento.
Una ausencia significativa son las medidas de carácter tributario que podrían constituir estímulos que le otorguen una ventaja competitiva al inversionista frente a otras oportunidades de mercado.
Finalmente, marcaría una pauta que, en el poco tiempo que le queda a este gobierno, se promovieran algunas intervenciones que puedan ser pilotos exitosos, alejando el fantasma de la inseguridad jurídica de la inversión privada.  ¿Cómo hacerlo? Por ejemplo, identificando algunos escenarios de inversión y sus respectivos parámetros, de la mano de los planes de desarrollo municipales, y no esperando sentados a que los proyectos se presenten por mesa de partes.
Pachacámac en Lima, por su importancia y dimensión, podría ser una experiencia extraordinaria de intervención urbana, histórica y paisajística. Mientras que excluir a Chan Chan, en Trujillo, que languidece precisamente por falta de fondos, podría ser un error.
En resumen, bien la intención de la norma pero aún le falta carne .

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