Aunque disimulado por los últimos acontecimientos políticos, (me refiero a las elecciones y la investidura del nuevo presidente), está todavía sobre la mesa el problema de la construcción del Museo Nacional de Arqueología (MUNA) de Pachacamac y frente a la anunciada decisión de construirlo a toda costa, no sé si vale la pena seguir escribiendo sobre el tema; lo hago con el temor de que no sirva para nada pero, aunque así sea, deseo dejar constancia de lo que pienso, junto con muchos peruanos que de alguna manera tienen que ver con la institución museológica. 
Todos estamos de acuerdo con la necesidad de construir un nuevo Museo Nacional del Perú, pero el hecho no nos exime de la responsabilidad de hacerlo bien, poniendo en acción la teoría y los alcances de la museología actual. Y menos correr e improvisar en vista a la celebración del Bicentenario. Siento decirlo: es triste comprobar que el proyecto del MUNA se ha hecho al revés, se ha comenzado por el edificio sin tener en cuenta estudios previos que den razón de las reales necesidades de un Museo Nacional y del público en el Perú de hoy, construido además con el dinero de los peruanos.
En todo el mundo es bien conocido el método de la “programación”; también aquí en el Perú se practica en las facultades de arquitectura, como una guía racional y ordenada de los pasos que hay que seguir para que no falte ni sobre nada en una construcción. Lo que pasa es que la premura y, a veces, intereses personales nos obligan a improvisar. Siguiendo una metodología clara y responsable, lo primero que el encargante debe hacer (en este caso el Estado) es formar un equipo interdisciplinario compuesto por un curador, un museólogo, un arquitecto y otros profesionales que definirán el tipo de museo que se necesita. Hoy día un museo no lo hace una sola persona sino un equipo de expertos. De lo que se trata es de definir primero la naturaleza del museo y las funciones que desempeñará: Museo de Arqueología, Museo de Arqueología y Antropología, Museo e Instituto de Investigaciones Arqueológicas, Museo Interactivo, etc. Es decir, la programación nos lleva no solo a una construcción eficiente sino al Plan Museológico que lo pone en condiciones de funcionar.
Es importante saber qué tipo de patrimonio, materiales y cantidad, guardará el futuro museo y el potencial educativo de la colección. Esto tiene que definirse desde el principio porque de acuerdo a la naturaleza del museo se redactará el programa, es decir, los espacios necesarios para cumplir cabalmente con sus funciones, planificando su sostenibilidad. El programa arquitectónico nos sirve para saber cuántos metros cuadrados necesitaremos para las salas de exposición, oficinas y depósitos, etc. evitando cálculos aproximados que engrosarían inútilmente el presupuesto de la construcción y por ende el de mantenimiento. El programa, sin embargo, no es un documento definitivo e invariable; se va modificando, si es necesario, de acuerdo a los problemas que van surgiendo en el diálogo con el equipo interdisciplinario. Es un ir y venir de la realidad a la propuesta, como bien ha señalado Claude Pecquet (1). A estas alturas, con un programa que refleje claramente lo que queremos, podemos buscar un emplazamiento adecuado para el museo. Un museo Nacional de Arqueología tiene que estar situado en un lugar de la ciudad si no central, por lo menos “aparente” y de fácil acceso.
Así pues, la construcción de un museo (hospital, colegio o estadio) es el resultado de una investigación interdisciplinaria que tiene como finalidad ofrecer un diagnóstico que por fin nos lleve a un proyecto arquitectónico y plan museológico, como un acto final que resume todas las consultas, absuelve todas las dudas y confirma las certezas.
En relación al MUNA es sorprendente ver cómo no se ha tenido en cuenta una metodología que conduzca a un final exitoso: No se ha formado un equipo interdisciplinario, obviando la presencia del museólogo y de profesionales que conocen las colecciones, las funciones y las necesidades del museo, su visión y misión. No se ha definido qué tipología de museo han adoptado ni cómo será su organización: ¿Va ser un Museo Nacional, un Centro de Investigación o la Dirección General de museos? ¿En qué situación queda el Museo de Arqueología y Antropología de Pueblo Libre? ¿Qué se va a hacer con las colecciones y el personal?
La última vez que se presentó el proyecto del MUNA en el Ministerio de Cultura, en el marco del día internacional de museos, el 18 de mayo de este año, el programa había previsto la intervención del público con una “selección” de preguntas que a último momento se desestimó, sin ninguna explicación. Pero los directores del proyecto del MUNA tienen todavía algunos problemas que explicar frente al público:
Primero, el más importante, es su ubicación en un lugar inadecuado. (Nadie me ha sabido explicar hasta el momento, con argumentos válidos, por qué se escogió ese terreno) Hay consenso en señalar que es absurdo construir un gran museo muy cerca de otro recientemente creado en el sitio de Pachacamac, aunque la temática sea diferente. Resulta costosamente redundante. ¿Qué visitante del MUNA, luego del largo recorrido de sus salas, cruzará la pista para visitar el santuario y el museo de sitio?
Segundo, sabemos por los mismos especialistas que participan en el proyecto que donde se cave en el terreno escogido saldrá agua; es una zona donde la napa freática surge con facilidad dando lugar a pequeñas “cochas”, como la que se puede ver en el acllahuasi del circuito arqueológico vecino. Hacer los cimientos del museo en un terreno de estas características es sumamente costoso. ¿Qué explicación ofrecen los directores del proyecto?
Tercero, llegar al sitio, después de soportar un tráfico altamente congestionado, resulta decepcionante. (En un documento del Ministerio de Cultura se puede leer “El viaje en Bus dura tres horas mientras que en camioneta se llega en una hora.”) El panorama no es el de una campiña limpia, como se ve en las fotografías antiguas que ilustran el documento del Ministerio de Cultura, sino un paisaje desordenado y deprimente de casas precarias que rodean el terreno. Muy cerca y al norte, las instalaciones de Petroperú; al sur una fábrica de dinamita y frente, el Cementerio Jardines de la Paz. ¿Este es el telón de fondo que tendrá el MUNA de cara al Bicentenario?
Cuarto, hablando de cifras, el documento del Ministerio de Cultura consigna un área construida de 75,308.18 m2, que demandará 406,000.000 millones de soles. Una pregunta surge inquietante ¿En estos cuatrocientos seis millones está incluida la implementación y equipamiento del museo?, ¿se ha previsto su sostenibilidad? Si no fuera así, como sospecho, ¿no les parece que a los directores del proyecto se les ha pasado la mano? Esto me hace pensar que el proyecto está sobredimensionado y si bien es cierto que merecemos el museo emblemático que nos represente como una gran cultura ancestral, no necesitamos un elefante blanco que esté en la pasarela de las vanidades y los chauvinismos para superar al de México u otros latinoamericanos o incluso europeos. Algo de cierto puede haber en las voladas de que hay intereses económicos de por medio que tienen que ver con la especulación inmobiliaria en los terrenos aledaños al futuro museo. Este es un tema de peso que hay que investigar antes de seguir discutiendo sobre la humedad relativa y el índice de salinidad.
El Museo Nacional como entidad no existe. Se ha tratado de darle una desde 1822, sin éxito. El tiempo es propicio para repensar el Museo Nacional dentro de una óptica más integral, como una institución emblemática sí, pero que tenga en cuenta los problemas de todos los museos peruanos, especialmente los de provincia, donde el patrimonio se pierde por la incuria, la falta de presupuesto y de especialistas.

(1) Pecquet, Claude, La programación al servicio del conservador, del promotor y del realizador. Castrillón Vizcarra, Alfonso, Museo peruano: Utopía y realidad, Lima, 1986, p.24. 

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http://alfonso-castrillon-vizcarra.lamula.pe/2016/09/05/muna-conflicto-de-intereses/alfonsocv/